19.8.11

Un jardín de luces en la casa MMI



 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


© Batlle i Roig


En tiempos de crisis vale la pena reflexionar sobre la idea de como hacer buena arquitectura aun estando en tiempos de dificultades económicas y escasez de encargos. Un ejemplo es el proyecto emplazado en la urbanización de ciudad diagonal con la casa Moratiel, construida por el arquitecto catalán José María Sostres.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


© Batlle i Roig

La arquitectura española del siglo XX se puede pautar con algunas referencias (1) como la crisis de 1898, donde surgió una tendencia nacionalista y regionalista enfrentada a los eclecticismos o modernismos del exterior. La llegada del movimiento moderno en la década de los años 30 se trunco por la guerra civil española, que posteriormente generó una crisis en las décadas siguientes.





















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La década del 50 es una de las más interesantes de la arquitectura española, es una época de lucha, en la que los arquitectos de la época sortearon dificultades. La escasez de encargos los llevó a dedicar más tiempo a los pocos que recibían. La escasez económica y de materiales para la construcción, por su parte los condujo a buscar soluciones ingeniosas y auténticas. La escasez de documentación extranjera les impidió el exceso de influencia del exterior.


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Según Carlos Flores es necesario distinguir en la década del 50 una primera y una segunda generación de arquitectos (2). La primera generación de arquitectos se gradúa después de la guerra civil, llevando a cabo varias obras de marcada intención e innovación, que irían ampliándose con un nuevo repertorio en las siguientes generaciones.


 © Batlle i Roig

Entre otros se encuentra José Maria Sostres Maluquer (3) del cual destacamos el proyecto de la casa Moratiel construida entre 1956 y 1958 en la urbanización de ciudad diagonal (Barcelona) casa que se puede considerar como el resultado final de la destilación fraccionada de sus casas con patio.
  

 © Batlle i Roig

La casa Moratiel pasa por una serie de propietarios desde el primero, Manuel Moratiel Ibáñez hasta terminar en un abandono total por sus últimos propietarios, para finales de los noventa la firma de arquitectos Batlle i Roig se hace con la casa, realizando un magnifico trabajo de reconstrucción de la misma. A continuación se anexa un extracto de la nota que se publica en la revista casa bella por el arquitecto Joan Roig:


 © Batlle i Roig


NOTAS SOBRE LA RECONSTRUCCION DE LA CASA MMI

Era casi irreconocible. Llevaba más de tres años deshabitada; su propietario para ponerla a la venta la había hecho pintar para ocultar los vestigios de su historia más reciente. Habían desaparecido así, bajo la inclemencia de una capa de pintura uniforme, los cercos de los cuadros, los de los muebles que habían estado apoyados contra las paredes y el sudor de las manos que habían abierto sus puertas y encendido sus interruptores. A eso había que añadir las múltiples modificaciones que había sufrido a lo largo de sus más de cuarenta años de existencia y aún así, algo en ella la hacía especial. Tal vez fuera la proporción de su fábrica o su posición única y privilegiada respecto a la calle, algo que obligaba a reparar en ella, a detenerse frente a aquella construcción e interrogarse sobre su singularidad.


 © Batlle i Roig


La casa MMI fue encargada a José María Sostres por don Manuel Moratiel Ibáñez como residencia de verano. El proyecto se inicio en 1956 y se terminó de construir en 1958. La parcela que ocupaba la casa, estaba situada en Ciudad Diagonal, una urbanización tipo ciudad jardín, en las afueras de Barcelona, entre Pedralbes y Esplugues de Llobregat. Se trataba de una zona de nueva creación, destinada a viviendas de segunda residencia para la burguesía emergente de Barcelona, en la que Sostres ya había construido algunas casas. La casa se construyó con muy pocos medios económicos que sin duda afectaron a la calidad tanto de su obra de fábrica como de su habitabilidad. Al poco de ser ocupada su propietario modificó la posición del radiador central, cubrió con plástico transparente el patio central y añadió un pequeño alero a la puerta de entrada para evitar que el agua que resbalaba por la fachada entrara en la casa.


 © Batlle i Roig


A la muerte del propietario la viuda decidió dejar el piso en el centro de Barcelona e instalarse en la casa de Ciudad Diagonal, a la que posteriormente se incorporó el hijo con su familia. En el año 1984, muerto José María Sostres, los propietarios encargaron a Basegoda Nonell una profunda reforma de la casa que modificó tanto sus fachadas como su interior, en especial la zona de estar, incluyendo la desaparición del patio para convertirlo en lavabo. En los años 90, los propietarios abandonaron la ciudad y alquilaron sucesivamente la casa hasta que en 1997 fue puesta a la venta.


 © Batlle i Roig


La reconstrucción de la casa se organizó en dos etapas. En primer lugar se eliminaron tanto aquellos elementos no portantes como los añadidos no recogidos en el proyecto original. La casa quedó así, como un esqueleto que mostraba cómo su estructura exacta era ya la esencia de su propia construcción. Carpinterías y cerramientos llegarían en una segunda fase, a partir de los datos de posición, tamaño y forma que en la primera fase se habían descubierto. A estos dos momentos de su construcción habría que añadir un tercero en el que se discutieron situaciones o bien no previstas en el proyecto o bien que presentaban contradicciones entre el proyecto original y el proyecto construido. En el primer caso, de situaciones no previstas en el proyecto, estaría la necesidad de rediseñar la relación de la casa con sus vecinos. En ese sentido, la discusión principal estaba en el ámbito comprendido entre la cocina y el vecino de la derecha. Se optó por una reproyectación de la fachada oeste que permitiera abrir la cocina hacia ese nuevo ámbito, creando un patio lateral sobre la cubierta del garaje. Este criterio, se empleó también en el rediseño del jardín posterior, de manera que la casa pasaba de ser la casa aislada que había sido originalmente, a una casa con patios a la manera de las casas que proyectó Mies en los años 30: un patio central, uno lateral y uno en la parte posterior al que da el estar. En el segundo caso de contradicciones entre proyecto original y proyecto construido, por ejemplo en lo referente a la pared que separa la habitación principal del patio central, que en los planos publicados en la época aparece como una vidriera mientras que en las fotos, también de la época, se puede comprobar que se construyó una pared, se optó por mantener el criterio de lo construido frente a lo proyectado, no sin antes reconstruir el proceso por el cual se modificó el proyecto original.


 © Batlle i Roig


Como casi toda la arquitectura de esa época, la imagen que conservamos de ella se debe a las espléndidas fotografías en blanco y negro de Francesc Català-Roca. En muchas ocasiones nos hemos sorprendido al visitar edificios que sólo conocíamos a través de él, descubrir el color en los muros que recordábamos en la amplia gama de grises que el fotógrafo nos legó. Para la generación de arquitectos de los años 50, el uso del color tuvo una importancia capital. Moragas, Bohigas e incluso Coderch, aunque de una manera más sutil, usaron el color de manera manifiesta en sus construcciones. Sostres, pintor él mismo, escribió sobre la diferente importancia del color blanco usado por los racionalistas al incorporarse a la arquitectura española en los años 30. Cómo el blanco que conocíamos de los edificios de Le Corbusier o de Walter Gropius devenía rosa o verde tenues en manos de Josep Lluís Sert y en general del grupo GATCPAC.


 © Batlle i Roig


En la casa MMI tuvimos la suerte de encontrar bajo las múltiples capas de pintura, alguno de los colores originales, en especial el rojo Venecia de la fachada. En el interior, alguna de las paredes conservaba resquicios de un verde pálido, muy común en las casas de la época. Sin embargo, la nueva pared que cerraba el patio de la cocina, creaba un problema tanto si se mantenía en color blanco como el resto de la casa, como si se pretendía pintar de un nuevo color. En ese punto tuvimos la impagable ayuda de Ramón Enrich, pintor y amigo, que trabajó a partir de los colores encontrados añadiendo el negro del suelo y diferentes propuestas para la pared del patio.


  © Batlle i Roig


La casa sorprende ahora a quien sólo la conocía a través de las fotos a pesar de lo estricta que fue la búsqueda de la policromía original. Quizás repintarla en grises y negros hubiera sido una actitud más fidedigna, no tanto con la casa sino con la imagen que de ella teníamos todos.


 © Batlle i Roig


BATLLE I ROIG, ARQUITECTOS
http://www.batlleiroig.com/
 
1 “Ni los historicismos, eclecticismos, modernismos, nacionalismos, regionalismos, noucentismos, racionalismos, expresionismos son movimientos o tendencias de moda que se van imbricando, solapándose y coexistiendo, languideciendo o extinguiéndose, incluso resurgiendo hasta la llegada la guerra civil. Los nacionalismos recuperados en la inmediata posguerra…tampoco logran confluir un estilo univoco ni sofocar las corrientes modernas nacidas antes que acabaran imponiéndose hasta la llamada postmodernidad” Ángel Urrutia: La arquitectura del siglo XX Española, Pág. 12.


2 “Si la primera generación de posguerra debe considerarse integrada por nombres como: Coderch (n.1913), La Sota (n.1913), Moragas (n.1913), Mitjans (n.1909), Cabrero (n.1912), Valls (n.1912), Fisac (n.1913), Fernández del Amo (n.1914), Aburto (n.1913) – en orden cronológico según las respectivas fechas de final de estudios-, la segunda incluía a los arquitectos que hasta el momento de la publicación de AEC habían realizado ya alguna obra importante y cuyos títulos, salvo una sola excepción, eran anteriores a 1958: Corrales (n.1921) y Molezún (n.1922); J. Gili (n.1916) y Bassó (n.1921); Cano Lasso (n.1920); Romany (n.1921); La Hoz (n.1924); José Mª. García Paredes (n.1924); Bohigas (n.1925) y Martorell (n.1925); Giráldez (n.1925); López Iñigo (n.1926) y Subías (n.1926); Milá (n.1924) y Correa (n.1925); Ortiz Echagüe (n.1927); Barbero (n.1924); Carvajal (n.1926); A. Vásquez de Castro (n.1929) y J.L. Iñiguez de Ozoño (n.1927); Bar Boo (n.1922)…Como casos un tanto especiales y de algún modo de transición entre una y otra, figurarían José Mª. Sostres Maluquer (n.1915) y Francisco Sáenz de Oiza (n.1918)” Carlos Flores: Arquitectura española contemporánea, Pág. 8-9

3 Nace en La Seu d’Urgell en Lleida, el 1 de mayo de 1915. Se titula como arquitecto en la Escuela de Arquitectura de Barcelona en 1946. Con la iniciativa de Sostres y Moragas se constituye el Grupo R en el estudio de Coderch y Valls, es nombrado en 1957 como profesor adjunto de Historia de las Artes plásticas e historia de la arquitectura en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona. Para 1959 obtiene la cátedra Gaudi. A partir de 1964 su actividad profesional y docente se reduce, muere el 8 de febrero de 1984.